1. Ama
a la Literatura más que a sus autores. Aprender a amarla implica también
aceptarla con todos sus enormes defectos, que son muchos además.
2. Para
que una historia llegue al papel, deberás tener la necesidad de contarla. Esta
necesidad no debe extinguirse jamás, independientemente de cómo te sientas. Aún
cuando ya hayas escrito decenas de veces ese gran relato, las ganas por
plasmarlo no deben de quitarse jamás.
3. Los
escritores deben leer más de lo que producen. No obstante, hay que leer las
situaciones que presenta el mundo cotidiano. Por ejemplo, cada persona es un
personaje que debe ser leído entre líneas, cada circunstancia igual. Un viaje
en el Metro puede ser una epifanía si lo sabemos descifrar.
4. Si
te da tiempo, lee mucho. Por cantidades industriales. Hay que empaparse de
todos los géneros. No descartes jamás un tratado de medicina o un libro de
autoayuda. Todo texto es una herramienta.
5. Aprende
todo lo que sea posible, desde cambiar una llanta de carro hasta la fabricación
de un telescopio. La literatura está en otra parte, a veces muy lejos de los
propios libros.
6. Realmente
a nadie más que a ti y a tus personajes les importará tu historia. Escribe
pensando en que ustedes son los únicos lectores ideales. Si alguien más te
llega a leer, será una ganancia y nada más.
7. Es
normal que en el camino aparezcan musas y otros promotores que impulsen tu
camino hacia el punto final de tu texto. Pero quédate con una sola fuente de
inspiración, con la primera –de ser posible– las demás son imitaciones de ese
sentimiento primigenio.
8. Cuando
tengas esa historia escrita, mándala a competir. Que se enfrente a otros
textos. Si triunfa, tu obra es excelente. Si fracasa, tu historia es excelente.
No tengas miedo a la derrota. Un buen escritor debe saber que la frustración llegará
antes que todo lo demás.
9. Ten
siempre presente que la Literatura no cambia sociedades, el cambio más fuerte
que se pueda presentar es a nivel individual. Intenta que tu obra se
impermeabilice de causas sociales.
10. Nunca te
cases con un estilo, es lo más peligroso que puedes hacer. Un escritor debe
alejarse a toda costa de la comodidad. La pluma debe parecer un fierro que
arde.